Tiempos Modernos

Rios de tinta se vienen escribiendo sobre la serie Adolescencia desde su reciente aparición. Una sacudida ha producido esta serie que pone en primer plano un drama en clave ficcional. La historia, muy bien lograda, transcurre en otras latitudes, donde se muestra los restos de un estado de bienestar que se va desvaneciendo. La conmoción inicial quizás conviene para reflexionar sobre este sistema excluyente, con un estado presente al modo de la ausencia o de la criminalización de las infancias más vulnerables, léase baja de edad de imputabilidad, quita de recursos para el sostenimiento y el desarrollo y  la lista es larguísima.

Términos como incell, o el significado de esos emojis, se pusieron en primer plano para mostrarnos que la lengua está en movimiento, no es estática, se alimenta de la época, pero anclar nuestras miradas en esas novedades a lo mejor nos aleja del impacto que tienen la indefensión y la soledad, sobre todo  en edades tan jóvenes. Surgen interrogantes   ¿Qué tipo de lazo social se establece en el uso de las redes? ¿es más seguro quedarse encerrado que salir a las calles? Si antes madres y padres tenían miedo cuando sus hijas e hijos salían a la calle, ahora lo peligroso cambió de dimensión. Parece haber una dimensión del peligro que se vuelve siniestro porque ya no sabemos a que tenerle miedo, no nos podemos prevenir del peligro. Asistimos como espectadores a una existencia donde la soledad y el aislamiento son los síntomas sociales que no distingue edades. Hoy se muestra que con las aplicaciones se aplican prototipos, como las de citas, que parecen estar sustituyendo  otros modos de encuentro porque se ha impuesto la idea de que es necesaria cierta eficacia, aunque tampoco es garantía. Corremos contra reloj, aunque en la carrera no sabemos que estará detrás de la línea de llegada porque al mismo tiempo empezamos a ver como disminuye el deseo sexual, y la frecuencia de las relaciones sexuales, así lo revela Asociación Española de Sexología Clínica[i]. El hombre sólo es planteado por este discurso como desecho y desechable, dice Slimobich en un editorial escrito en el año 2003[ii].

La lengua se volvió un instrumento óptico, como un caleidoscopio, donde se articulan voz y mirada, en una especie de hipnosis, como si fuera un encantamiento del que no podemos escapar. Afuera el individualismo a ultranza impulsa  la  desconfianza, la competitividad, el merito y un sueño de bienestar un poco opaco. Parece haberse implantado una lógica de guerra, material y simbólica, una guerra cuerpo a cuerpo por puro prestigio, mientras la guerra  material se desarrolla en varios frentes,  a la par que el orden mundial se resquebraja y  en esta región avanza el despojo de nuestros bienes comunes y se criminalizan las resistencias.  El cambio climático es el escenario sobre el que se desarrollan estas acciones, el aire se vuelve irrespirable. El filosofo italiano Franco “Bifo” Berardi  se pregunta si nuestra existencia social encontrará o no una manera de escapar de la agresión en curso y del retorno de la esclavitud, del terror social, de la militarización y de la guerra[iii].

Quizás haya claves de lectura para esta realidad que es transversal aunque nos afecta de manera diferencial según el género y la clase social de pertenencia. Dice Bifo  “según los psiquiatras, la depresión es la patología predominante de la generación que aprendió más palabras de una máquina que de la voz de su madre”. Una lógica de piezas reemplazables, similar a la lógica significante, solo que en ese automatismo no queda marca del deseo, porque la sustitución parece no tener límites y apunta a la completud,  que afecta al lazo con el otro porque no hay lugar para el intercambio, para donarle algo al otro, como mi tiempo, mi escucha, y tantas otras cosas que pone en juego la relación con otra persona.  Chaplin nos mostraba en 1936, en Tiempos Modernos,  que somos engranajes de una máquina, aunque allí todavía parecía quedar un margen de libertad para rebelarse porque en el horizonte había ideales igualitarios que hoy parecen haber quedado sepultados por una maquinaria de producir zombies.


[i]https://www.revistaanfibia.com/de-coger-ni-hablar/  Un informe de la Asociación Española de Sexología Clínica dice que la epidemia del “no sexo” viene incrementandose en las últimas cuatro décadas. Desde hace 40 años, la nueva generacion tiene menos sexo que la anterior. 

[ii] https://anterior.escuelaabiertadepsicoanalisis.com/terror-nombre-del-sujeto/

[iii] https://lobosuelto.com/la-pregunta-franco-bifo-berardi/