(Diálogo telemático)

M B: Se proclama una nueva sociedad, una especie de acuer-do nuevo. Una epifanía que va a surgir, como si de esto como de muchas otras cosas el capitalismo se fuera a aprovechar. En general uno piensa negativamente las cosas, críticamen-te. Que esto va a pasar a una forma más concentracionaria, de mucho más control social.

E G: Todo lo que ha salido publicado de Wuhan apunta a eso. Matías ¿leíste el texto de sopa de Wuhan?

M B: Lo mejor de ahí es del español, lee bien a Agamben, hace una buena lectura. Agamben se enojó porque le publicaron. El editor de sopa de Wuhan es argentino, de la Plata. ¿Lo leíste Emilio?

E.G. No entero, leí como tres cuartas partes porque me resultaba muy repetitivo. Tengo un amigo que dice que hacer metafísica con lo que sucede cotidianamente no le parece demasiado serio.

M.B. Para mí lo más interesante que hay es lo de Paul B. Preciado, porque ¿qué se podría decir de esto que en parte no se haya dicho? También el texto de José me interesó mucho, me parece que está muy bien la idea de la regresión psíquica que se está produciendo, me seduce mucho esa idea. Hemos hablado bastante con José sobre el uso terminológico en general. A mí me parece que habría que hacer casi un análisis semiótico del uso de las palabras, la vuelta de la terminología de la guerra en una instancia donde la democracia es una especie de garantía de la política. La guerra por otros medios en la democracia, pero ahora aparece como al revés, como si esto nos ubicara, nos encerrara fronteras adentro y se utilizara por parte del Estado, aquel que tiene el uso del monopolio de la fuerza, una terminología de lucha contra algo que es supuestamente invisible, es increíble, toda la terminología remite a otras épocas. En la Argentina a la época de los setenta. Siempre hay un mal contra el que luchar y eso es una especie de excusa para que aparezca un nuevo leviatán estatal. Después, me parece que hay una instancia interesante como para pensar en una especie de democratización de la muerte, todo el mundo puede morir, obviamente estás separado por grupos de riesgo. Y siempre los que sufren más jóvenes de 80 años en general, acá en Argentina son las zonas más pobres, en las zonas del noreste argentino, en el Chaco hubo varias muertes entre 40 y 50 años porque tiene que ver con la infraestructura, con la cuestión de la pobreza. Me parece que hay muchas cosas para pensar, hay muchas aristas a partir de las cuales se puede pensar este confinamiento que estamos viviendo todos.

J.S. Los negros y los hispanos en Nueva York son el grupo más golpeado.

M.B. La mano de obra barata, lo que es reemplazable, eso no es importante para el capitalismo, todo el mundo quiere ir a limpiar baños a Estados Unidos, media Latinoamérica quiere hacer eso, con lo cual muy problemático no es. Lo digo en el sentido de cuando muchos lo ven como una oportunidad, hay un discurso encubierto de cierta moralidad, en la discursividad de acá como si esto pudiera hacernos más buenos.

J.S. Una esperanza de que no vamos a salir igual

MB: No podemos salir igual de esto, esto nos va a motivar a hacer otras cosas, pero es mentira, es totalmente mentira. Hay poca memoria. El Sida parecía un límite, a la intimidad, a la sexualidad. No es muy diferente esto que está pasando, se siguió conviviendo de la misma manera, de diferente manera, pero uno se adaptó a la situación y tomó los recaudos suficientes como para no infectarse. Ante la nueva situación las cosas van a salir más o menos igual. Hemos superado en otros tiempos instancias entre comillas sanitarias.

J.S. No, hoy venía un artículo sobre ese tema de moralidad donde hablaba de la peste rosa.

M.B.- Para toda instancia yo creo en la dialéctica hegeliana, toda instancia es dialéctica. Las cosas no son ni de una manera ni de otra manera. Aquí en la Argentina se aplaude a los médicos a las nueve de la noche, es chovinismo. Aquí lo llaman malvinización es una especie de nacionalismo, de reconocimiento a las profesiones, eso es lo que epidérmicamente se muestra y lo que a uno lo hace sentir bien con respecto a los demás. La realidad paralela que sucede a eso es que los médicos que trabajan en determinados consorcios, en general son maltratados por sus consorcistas, los que conviven con médicos quieren que los médicos se vayan a vivir a otros lados para que no le lleven la peste dentro del consorcio. Y eso pasa en Argentina todos los días, con lo cual es una especie de reconocimiento, pero a la distancia. Una especie de falso reconocimiento, de falso comunitarismo. Típica situación de buena conciencia de esta etapa del capital.

J.S.- A mí me parece que lo que yo observo, lo que veo es que la hipótesis que he lanzado y que viene de la informática es la escritura diferida. ¿Qué quiere decir? Es la repetición. Hay un artículo hoy en el País que habla de la peste bubónica que hubo en 1671 en Constantinopla, y es increíble los puntos similares que tiene esa peste de Justiniano, la escribe un antropólogo de Barcelona que va a sacar un libro entre las similitudes de las pestes del pasado y las actuales.

En el año 1671 hubo una gran peste en Estambul que por poco se carga a toda la ciudad y que provocó una cuarentena generalizada, se producía la segregación de los médicos, etc. Muchos detalles iguales a los que pasan. ¿Que producía la literatura de la época? Producía la idea de redención, todo va a cambiar, a partir de este momento algo nuevo va a surgir en la humanidad. La literatura de la época acompaña este pensamiento de que esto es una prueba de Dios, esa era la idea central y que esto va a cambiar. En estos tiempos hay mucha gente que dice que esto va a cambiar, esto no va a quedar igual. En un sentido común, por ejemplo, un psicoanalista que es un actor, un artista más que un psicoanalista, pero usa términos freudianos, lacanianos en un sentido común. Lo hace potable para la masa media, él expresa una idea: no vamos a salir igual, esto va a cambiar para mejor. Volviendo a las comparaciones, a la antropología, a la manera que se actualiza algo similar. Y lo que sí es similar es lo que sucede con los médicos. Por ejemplo, en la Edad Media y un poco antes en la transición lo que sucedía es que el brujo, el sacerdote no podía vivir en la población con la gente porque iba a portar las enfermedades que trataba, todo el mundo le reclamaba que cuidara la salud, pero nadie quería vivir con él. Es decir que esto que sucedía en lo primitivo se actualiza hoy en la relación con los médicos. Que el mismo terror supersticioso y demoníaco que habitó la Edad Media, habita en lo actual. Estaba hablando de las escrituras que se actualizan, que toman cuerpo como si tomaran el cuerpo de la Edad Media, la idea de la peste como un misterio una fuerza oscura que nos invade, que no se sabe cómo contenerla y que está en la puerta golpeando hasta tal punto que la advertencia de los médicos, de los infectólogos es: el virus no te busca, si tú te movés estás buscando el virus, fíjense en el animismo. La relación con el virus es propia del pensamiento anímico, propia de la historia del pensamiento infantil. Esto es lo que yo veo como una actualización. Es lo que yo llamo escritura diferida. Cualquier movimiento de lo Uno, en este caso el coronavirus, actualiza lo uno que tiene de características de otra época. La traslación del Uno, que no es el número, que no es el uno de la cantidad, que hace que se actualicen escrituras que correspondían a otras características de lo humano, de lo que no queremos saber, lo peor de los seres humanos como se dice se actualiza. Y ahí es donde surgen estas dos corrientes, seguramente hay más corrientes, pero hay una que dice no vamos a salir iguales, en todo esto va a haber una cosa muy importante de transformación, vamos a aprender. Y la otra que dice: esto va a ser peor que la depresión del 29, esto va a ser de terror, esto se va a ir al carajo.

Yo veo esto muy abierto y entrando en la temática de qué puede pasar mañana, yo creo que Europa va a fortalecer su relación con el fascismo. Mirad la propuesta que hace Abascal: hay que darles a los trabajadores 80.000 millones de euros en aumento, repartir el dinero y a los ricos rebajar impuestos y Pedro Sánchez le contesta: ¿cómo hacemos para repartir 80.000 millones y bajar los impuestos? -Negocio por la plata-. Y Abascal no tiene ningún problema en plantearlo. Ellos lo harían, bajo qué modo, bajo el modo de pacto social, como hizo Evita. Evita tomó un pueblo quebrado, un pueblo en ruinas, bajo un pacto social, donde inyectó dinero bajando los salarios, garantizando los beneficios, y el Estado ocupándose rigurosamente con todo el peso de su fuerza de garantizar que las cosas cambiaran. ¿Sería posible que se instaurara de esta manera? Yo creo que sí. Hay un ejemplo en Europa, creo que es Hungría donde se estaba aplicando el sistema de corrección social y se avanza con el tema del cibercontrol. En Europa yo veo eso, igual es una locura.

M.B.: Acá el progresismo habló de lo mismo, la ministra actual del gobierno argentino habló del cibercontrol y justificó la idea de que no es entrometerse en las libertades individuales, justamente el límite va a ser eso. Está todo el mundo hablando casi de lo mismo, una especie de lenguaje común, repiten en Europa y acá lo mismo. Es una guerra, enemigo invisible, la idea de responsabilidad. Me parece que lo más interesante no es lo que se dice, sino lo que no se dice. Insisto en la idea de que hay una democratización de la muerte. Hay cierto poder de matar, lo que pone en escena este virus. Me parece interesante el vínculo con nuestros propios cuerpos, me parece que la pandemia va a cambiar la relación que tenemos con nuestros cuerpos, nuestros cuerpos se han convertido en una amenaza para nosotros mismos. En ese sentido cambia prospectivamente, la manera de pensar la temporalidad, cómo pensamos el futuro, como pensamos el devenir en relación a eso. Me parece que hay un análisis que tiene que ver con eso y un análisis más estructural que tiene que ver con que uno de los problemas últimos del neoliberalismo, lo podríamos llamar necroliberalismo, en el sentido de necrófago, lo que significa hoy la muerte en ese sentido. Me parece que el gran problema que tiene ahora mismo este neoliberalismo es el déficit fiscal; hay un problema con la plata que entra y la plata que sale, hay un problema con la edad, con el rango etario, entonces es cómo hacer para sostener la gente, en Europa pasa todo el tiempo esto y en la Argentina se estaba planteando hasta hace poco, cómo hacer, cómo sostienen los trabajadores a los jubilados, al grupo etario más alto y esto es un problema que con esto se puede solucionar. Uno puede pensarlo de esa manera.

E.G.- Lo que no entiendo Matías es el modo en que tienes de llamar a esto la democratización de la muerte.

M.B.- Me parece que ahora todos tenemos el poder de matar. Esa invisibilidad del virus lo que hace es la no adscripción al monopolio exclusivo de la fuerza pública para matar. Hasta el momento estaba sólo circunscrito al ámbito de las fuerzas de seguridad o a las reacciones que pudiera haber de cierta instancia marginal, de disputa en el ámbito del capital. Pero en este sentido hoy lo que hace un virus, enemigo invisible, es que ahora todos tenemos el poder de matar por el contagio. Me parece que el aislamiento es una forma de regular ese poder de matar. El aislamiento es eso.

J.S.- O sea el contagio como fuente letal. El poder de muerte del Estado y el poder marginal del asesino, de una banda armada, del terrorismo, se agregaría una democratización, como dices, la capacidad del virus de contagio y de que el cuerpo de cada cual se convierta en elemento destructivo para el otro cuerpo.

E.G. A mí lo que me llama la atención, por el tema de la intervención del Estado en este punto, es algo que se me quedo colgado en nuestra primera conversación. Es ¿cómo se pasa, en el caso de España, de la policía de la ley mordaza a la policía de control de la pandemia?, ¿cómo se pasa de una época en la que Rajoy como presidente hablaba de la mayoría silenciosa a una mayoría de los balcones y que plantea poca intervención social dentro del Estado?, ¿cómo se pasa a esa confianza? Del temor a que la policía me pueda multar en cualquier momento que haga cualquier cosa arbitraria, a una policía que ojalá te multe porque estás en la calle. El elogio de la policía. ¿Cómo se pasa de la policía macrista a la policía del control de la pandemia, aplaudiendo porque están multando a alguien porque está jodiendo la marrana?, ¿cómo se pasa a esta confianza?

J.S.- Emilio me parece que ahí lo que nosotros no aceptaríamos es que las cosas no tienen para cada cual una sola función. Por ejemplo, voy por la calle y me atracan que hago, busco un auxilio y si hay un policía mejor y podría llegar a gritar policía, policía…buscando un auxilio que provienen de las fuerzas del orden. Esa es una función que cumplen para cada cual, que nos resguarden del asesino. Por otra parte, lo odiamos como elemento represivo de lo social, vinculado a defender los intereses de los poderosos. Evidentemente cumple estas dos funciones y en este momento estas funciones pasan a ser primigenias. No nos defienden de los ladrones porque están amenazados por el coronavirus y entonces lo que hacen es auxiliar a la sociedad controlando que todos respetemos el cuidado, la potencia asesina del cuerpo, siguiendo la teoría de Matías. La policía ordena el tráfico de cuerpos para que el cuerpo asesino de cada cual no asesine a su ex, incluso más, las denuncias que hace la gente por la trasgresión de la cuarentena tanto en España como en Argentina que es una vergüenza, son unas cosas que no se pueden creer. Es el poder de la policía que la misma ciudanía está tomando. Esto fue lo que sucedió acá en la época de la represión, que yo sé porque lo hemos vivido, de cómo se sumó población para el sistema de la delación. La población era la delatora. Los militantes de las organizaciones armadas, la gran mayoría cayó por la delación.

MB: Sí ahora se vuelve un bajón, esa valoración de la dela-ción, gente gritando desde los balcones “deténganlo”

JC: Aquí la experiencia no está siendo ésa. Hoy he paseado una hora por callejuelas, evidentemente hay zonas con-troladas, ahí te arriesgas a la multa si las transgredes, pero no hay gente por la calle. La gente está en los centros comerciales, en los shoppings. Este modelo americano se conoció antes en América que aquí, que empezó a funcio-nar en los años 90. La crisis del coronavirus va a cambiar el modelo de consumo, este modelo macro, de mol, un modelo de gran inversión, es un modelo que ya no va a ser viable, es decir, la lectura se vuelve poliédrica, hay co-sas que este fenómeno ha vuelto conflictivas, el contacto criminal con el cuerpo, que había sido capturada por el capitalismo más salvaje, volviéndolo espectáculo, eso va a cambiar, va a ser más fácil. La pulsión al consumo va a cambiar.

MB: Pero hay que ver, la cuestión de la vidriera ya lo pensó Baudelaire en el siglo XIX, una vidriera no es muy dife-rente a una pantalla. Que haya uso de pantallas en este momento, no sé si va a desacelerar el consumo.

JC: Pero a lo mejor eso deja una grieta abierta hacia el con-sumo de proximidad y el gran consumo se desplazará a Internet, a las plataformas de venta online.

JS: Es interesante lo que dice Jorge, acá con el asunto de la cuarentena se está extendiendo el uso de las cuentas digitales. La gente va ir al shopping a pasear, pero no a consumir. Acá en Argentina se ha abierto una aplicación común donde la gente puede comprar. Tal vez el pequeño comercio reciba una reactivación. Acá no pueden abrir los comercios de ropa, porque la gente se prueba y se cam-bia, pero en Estados Unidos hay una venta perfectamente lubricada, donde tú te llevas la ropa y si no te gusta te devuelven el importe.

JC: Un médico ha soltado un informe en el que dice que to-dos los lugares van a tener que reducir el aforo. Por ejem-plo, no sé si en América existe Primark, donde te puedes comprar todo tipo de ropa por precios irrisorios (1 Euro, ropa interior, 3 euros, un pullover). Este comercio va a tardar tiempo en arrancar. La arquitectura de los lugares va a cambiar. Los ingresos de grandes negocios anteriores van a cambiar de manos.

MB: Esta aplicación que estamos usando es la que más ha subido en bolsa. Acá se está escuchando hablar de bajada de salarios, los trabajadores del transporte van a cobrar menos, de momento el Estado está imprimiendo billetes para que haya más circulación de dinero, es la solución que proponen. España no la tiene fácil.

JS: Sí pero no te olvides que España tiene ese sector sólido que son los funcionarios, que representan un 30% de la población laboral, que mal que bien tiran de la economía. Acá en Argentina no existe eso, no hay manera de salvar.

Acá la deuda externa argentina está en manos de argen-tinos, hay una fuga de capitales impresionante, es como si la deuda española estuviera solamente en manos de es-pañoles.

MB: por eso creo que es necesario un impuesto a los ricos.

JS: Sí, pero les van a cobrar un 1% de lo que tienen, eso va a servir para pagar las pensiones de miseria, apenas un arañazo.

JC: ¿Cómo están las cosas en otros lugares en Argentina?

MB: Bueno hay pocos contagios

JS: Pero, fíjense cómo están las cosas de locas, porque está todo muy loco. Que España en este momento tiene el 10% de muertos de infectados, 15.000 muertos de 150.000, Argentina 2000 infectados y 80 muertos un 4%. Tienen la curva controlada de infectados. Los argentinos, cada vez que el presidente habla aplauden, por poco no nos pa-ramos a cantar el himno nacional. ¡Qué suerte que tene-mos de vivir en Argentina! El título de gilipollas te lo dan en la Asamblea de la ONU, mirá lo que se nos ocurre. Yo creo que el ser humano tiene, con la influencia de los me-dios de comunicación, algo del orden de la estupidez, si uno no está avisado se vuelve gilipollas. Yo soy, según nú-meros, un candidato de quinto orden, y por eso me tengo que alegrar.

MB: Acá hay una especie de locura del consumo, una especie de fiebre, todo el mundo compra como si fuera el fin del mundo.

JC: Acá se ha frenado, ya que la gente no va a cobrar hasta mayo las prestaciones, entonces no gasta. Hay ERES, y entonces aún la oficina del INEM (paro) no ha pagado.

MB: Acá algunas universidades han optado por aulas virtua-les. Hay gente que no le preocupa dar las clases así, pero para mí no es lo mismo que dar clases presenciales.

JC: Aquí hay un problema, el verano representa un parón, se está proponiendo dar clases presenciales en junio. Nadie se muere por no dar clases de filosofía medieval, pero en secundaria sí que se están dando clases porque no puedes tener a los críos sin hacer nada mientras los padres están currando. Yo a los alumnos de filosofía les propongo pen-sar acerca de esto, porque no sabemos lo que va a pasar, pero sí sabemos que el mundo va a ser diferente, no sé si mejor o peor, yo pienso que peor, pero no sé.

JS: Bueno, hemos aislado la transformación de los cuerpos, a través de la lejanía y la ausencia de contacto mediante las redes. Ahora bien, habrá empresas que no necesiten un edificio para albergar servicios, es un achicamiento de gastos impresionante, seguridad, luz, agua, y alquiler de edificios. No será posible en el caso de almacenamiento, un comerciante de jamón, etc. Por ejemplo, Emilio, don-de trabajas vos, ¿qué sentido tiene mantener un edificio con el teletrabajo?

EG: Yo, desde el principio de la pandemia, pensaba que man-tener la burocracia durante este periodo no tenía mucho sentido, ya que las reclamaciones quedaban postergadas con el cierre de los negocios, si tú tenías una avería en tu casa no podrían venir ni los albañiles.

JS: Pero eso es peligroso, porque genera desconfianza, pien-sa que la moral se fundamenta en la propiedad, y si tú no tienes una estancia arbitral a la que reclamar no tendrías ningún atisbo de esperanza.

EG: Ya, pero estamos en una economía de guerra, enton-ces hay muchas cuestiones en este tipo de economía que quedan inservibles, instituciones que caen como en otras épocas, hay muchas que desaparecieron, como una que se llamaba, más o menos: asociación para la defensa y doma del caballo, con sus funcionarios, personal de servicios, etc. Es decir, habría que repensar otra vez la producción, hemos estado contaminando durante mucho tiempo el hábitat, hasta llenar prácticamente los mares de plásti-cos. Eso obliga a las ciencias cameralísticas, a las ciencias del Estado a establecer instituciones más adecuadas. El peso, en los mayores momentos de alarma lo han llevado la sanidad, la seguridad del contacto de los cuerpos y ser-vicios esenciales.

JS: Pero, una cosa es eso, y otra que yo quiera hacer una re-clamación, todo este tipo de cosas se aposenta en la es-peranza, porque si yo pienso que se me rompió un caño y nunca más lo voy a poder arreglar, Por eso acá lo primero que se hizo es permitir albañiles., plomeros, etc. Permitió que la propiedad fuera resguardada, y permitir la recla-mación sería permitir el derecho de tenencia. El sistema tiene que garantizar la esperanza.

El segundo punto, que es el tema de la ecología, que es la vida en el planeta del mismo modo que se le da a la pan-demia. Hay un chiste, malo, ruso, en la época de la revo-lución rusa que dice: compañero, socialicemos las vacas, socialicemos los caballos, socialicemos las gallinas. ¡No, eso no! ¿Por qué? Porque de eso tengo.

Es decir, lo que me atañe a mí, la destrucción del planeta no me atañe a mí.

Con respecto al planeta entra la conciencia, pero la pan-demia no tiene que ver con la conciencia. Por eso están metidos en la ecología muchos jóvenes, la destrucción del planeta no me atañe a mí, la destrucción del planeta ne-cesita un grado de conciencia hacia el futuro.

En una palabra, desde un punto de vista psicoanalítico –no intento que sea un término imperial- la pulsión de muerte es común, que es lo más común que tiene el ser humano, pulsión de muerte y lenguaje son la misma cosa. ¿Estás de acuerdo?

EG: Totalmente, pero fíjate el frenazo que ha tenido la eco-nomía, solamente cuando ha aparecido la amenaza de muerte se ha paralizado la industria, por ejemplo, en ese sentido digo que es un virus revolucionario, un virus de-mocrático, como decía Matías al principio, que no enten-día por qué lado lo enfocaba. El virus amenaza de muerte tanto a ricos como a pobres, a viejos como a jóvenes.

JS: Pero fíjate en lo siguiente, acá hay cuatro o cinco millones que vive en las villas miserias de Buenos Aires – no es así en España-, no tienen posibilidad de pasar la cuarentena aislados. No sé Matías, hablá tú.

MB: Pienso que hay algo colonial en el discurso del corona-virus, especialmente para los países que fuimos colonia. A mí me interesa mucho la cuestión semiótica de la pan-demia. Me parece que es un gran discurso para las clases medias, especialmente en estos países, el problema son los respiradores, el aislamiento, la cuarentena, la distan-cia social. Justamente cuestiones que se tiran de los pelos con respecto a la organización social de las clases popu-lares. Viven todos hacinados en un cuarto 5 o 6 personas. Las familias populares tienen varios hijos. El tema del aborto, el debate sostenido por el feminismo en Argenti-na, tomado por las clases medias urbanas y poseedoras. A las clases populares no les interesaba el tema, lo enten-dían, pero no era una cuestión que les atañera.

JC: Aquí, por ejemplo, si se hace un ranking de clases socia-les, sobre quienes han recibido las multas, seguramente ha recaído sobre las clases más bajas. Los lugares donde más se está multando son los lugares donde viven las cla-ses más bajas. Aquí en Vallecas hay familias de inmigran-tes que habita en departamentos de 40 metros cuadra-dos, esas zonas son un foco de infección. Los trabajadores esenciales también son los que están más expuestos. Los focos donde más ha pegado el coronavirus en Madrid, son barrios, Vallecas, Carabanchel. El barrio de Salaman-ca está poco afectado y tiene una población mayor. Pero curiosamente también está muriendo gente rica. El otro día hubo una cena de tres ricachones: Luis María Ansón, con los Albertos y dos de ellos han sido afectados por el coronavirus, uno de ellos ha muerto.

Pero también habría una cuestión que quería señalar. Se está generando un tipo de vestimenta que va por fuera de la ropa. No sé si conocéis el mito de Protágoras, que está en Platón: en el reparto de dones entre los anima-les, las liebres, los osos, al hombre le corresponde muy poco, no tiene una gran reproducción y su piel es débil. El único don es que se pueda, mediante la industria, fabri-carse una segunda piel, la ropa. Pero, curiosamente justo en el momento de la gran crisis sobre el plástico, la gente se viste de plástico, de la cabeza a los pies. Estamos en-vueltos en plástico, derivados del petróleo, el plástico se sigue vendiendo. De manera que se produce una especie de colonización, ya la ropa no va a valer. El otro día vi a un tipo por la calle con un casco de moto, ahí no penetra nada, es una máscara perfecta- me acordaba de Alien, el octavo pasajero, cuando el bicho se le pega a la escafandra y le penetra-.

Hay un texto del corpus hipocrático, “Sobre la naturaleza del hombre”, donde dice que la enfermedad viene o bien del aire o bien de la dieta, hay una parte que es responsabilidad tuya y otra parte que es social. Hay que cuidarse, hay que hacer ejercicio con respecto, esa parte es responsa-bilidad propia. Pero, hay algo que al menos en occidente pensábamos que habíamos erradicado, que es el aire mal-sano. ¿Ante eso qué tipo de profilaxis generas? El miedo y el escudo, entonces ahora ves que el escudo es plástico, no tiene poros, es lo contrario a la piel, además “poros” en griego significa salida. Es una cuestión a pensar, ¿qué significa este tipo de aislamiento? Igual empezamos a ir a los mares a recuperar los plásticos.

JS: Has puesto como un colofón. Hay un tema, por los casos que han surgido en Corea, que es la reinfección, vamos a tener que acostumbrarnos a convivir con el virus. Ahora, bien, yo no entiendo por qué aún en los barrios humil-des no se abalanza, no sale en plan revolución francesa a tomar las calles. Hay un tipo que ha salido en los me-dios diciendo que el virus tiene un tipo de letalidad baja, ¿Qué quiere decir? Que el 80% de la mortalidad afecta a los mayores de 70 años. Que no hace falta irse como los viejos japoneses al Narayama, ya el virus liquida cuando uno es inútil para el sostenimiento de la familia. Por ahí el plástico, como vos decís, es una realidad que se va a presentar como en la ciencia ficción en un mundo que se cae a pedazos.

JC: Va a haber una desconfianza con respecto al medio, que es una cuestión interesante, porque dentro de lo que era la construcción de la subjetividad contemporánea daba la impresión de que uno podía controlar lo incontrolable. Solamente el cáncer supone la resignación del final de la vida, el resto de las enfermedades eran perfectamente controlables. Todo el mundo se hacía pruebas diagnós-ticas para prevenir. Nos habíamos convertido como en una especie de ciborgs, con implantes que prolongaban la vida.

MB: Sí la inteligencia artificial.

JC: Había unos médicos en Estados Unidos que sostenían que el virus se transmitía por el aire. Eso hizo que se co-lapsara la venta de mascarillas. Es decir, la gestión de esto es muy complicada, son muchísimos planos distintos. Ha-bría que organizar como una especie de macrogrupo para tratar de cómo incide esto en la economía, en el trabajo, en la salud, en diferentes áreas. Antes la única manera de luchar contra el capital era el número, la masa en protes-ta, ahora habrá que repensar todo esto.

MB: no me gusta pensar esto en plan conspirativo, pero esto vino a acallar protestas como la de los chalecos amarillos, Chile.

JS: Pero no hace falta pensar en plan conspirativo, sino que de golpe en Chile la gente ha dejado de salir a la calle, están guardando la cuarentena, de golpe una confianza extrema en el Estado. Ahora podrían salir a protestar y no los reprimirían, al fin y al cabo, podrían hacer una prime-ra fila de infectados escupiendo.

JC: Aquí el ejército está en la calle desde el primer momento, está para ayudar, pero por si acaso alguien se pasa van armados…